"Hoy, otros ojos se cruzan con los tuyos. Y tú elegirás responderles con simpatía, con desinterés, amistad, pasión, compasión... incluso si miras en blanco o simplemente te abstienes. Cada mirada va a ser el voto de tus ojos.
Hoy, tu voz penetrará en otros oídos. Entre tus tonalidades, elegirás la de concretar, acariciar, divertir, dudar... tal vez la de despertar sueños y anudar pálpitos. Cada expresión será el voto de tu actitud.
Hoy, decidirás emocionarte, indiganarte, conformarte, negar, asentir. Hoy y cada día tienes muchas elecciones.
No permitas que nadie te aturda, que ningún interés ajeno te desvíe de tu quizás compleja senda para llevarte a su dorado pedregal. Porque jamás olvides que sólo tú tienes tu fuerza, tu voto y tu veto.
Tú eres tu propio parlamento, allí donde cada día debes defender tu programa personal. Tendrás que escuchar otras voces, sólo las que creas que desde la honestidad te pueden aportar y servir, porque cada vez hay más afónico de baratijas sin garantía. Pero te recuerdo que sólo eres realmente libre cuando no tienes más militancia ni debes más obediencia que a un partido que existe desde mucho antes de nacer la democracia: uno llamado "la propia conciencia", el único que te da tu propia mayoría y tu propia oposición.
Cada noche, caundo hagas recuento de tus votos, te deseo que hayas arrasado."
A. Becerra, ADN, Miércoles 7 de noviembre de 2007.
"Homer en féu un símbol de retorn al passat./ Baudelaire la va alçar com un estigma, i Stevenson parlà d´una illa per salvar-nos/ on el temps i la mort hi enterraren la llum/ daurada del tresor." JOAN MARGARIT
jueves, 8 de noviembre de 2007
martes, 6 de noviembre de 2007
ESPACIOS DE VIDAS IMPROBABLES

Felipe es como el sur. Aunque hoy llegue tarde después de haber perdido un vuelo, tras no encontrar un tren con destino directo, después de cruzar quilómetros que lo alejan del mar. Felipe es como el sur.
Se acerca a nuestra mesa de local nocturno pasada media noche y con gesto retraído se aviene a la rutina de las presentaciones. Al sentarse, parece más cansado, pero se deja llevar por el vaivén de la conversación mientras se aferra a la primera copa. Al pasar de los minutos ya es uno de los nuestros, como si en un momento se hubiese despojado del incómodo ropaje de recién llegado. Tampoco es que hable mucho y, sin embargo, tiene su pose distraída un toque desenfadado de cordial proximidad. A veces, da la sensación de que viene y se va, de que llega para marcharse pronto; segundos en que se le nubla la mirada y uno se aventura a imaginarlo en otros mundos, espacios de vidas improbables, con maletas a las puertas de habitaciones lejanas en quien sabe que ciudades de mapas figurados. Pero siguen las copas, el local enciende luces y nos obliga la noche a ir de retirada. Entonces en la estrechura del asiento del coche, buscando por las calles algún bar con promesa de eterna madrugada, Felipe se arranca con un chiste, y la noche y él parecen conjugarse al compás de nuestras risas. Ahora luce galas de anfitrión consentido, se aventura con preguntas y nos habla de algún libro mientras deja que las palabras nos lleven hasta escenas de alegre desenfreno siempre en la compañía de nombres muy sonantes.
Y ya no es Felipe el nombre de portada de algún poemario leído y releído, el joven ensimismado que mira el mar en Rota en la fotografía del monográfico de la revista Litoral, es ya Felipe uno de los nuestros. Porque debe ser verdad que la noche une mucho, pero unen más, quizá, estos espacios intermedios de encuentros provocados por la casualidad, los puntos específicos de una geografía de espacio compartido con horas que se restan. Y el saber como el me dice, bajito, al despedirnos: "nos ha fallado el tiempo".
Felipe es como el sur. Envidiablemente inolvidable después de haber estado. Con promesa de reencuentro si al tiempo le conviene y el azar no distrae. Hasta siempre.
Se acerca a nuestra mesa de local nocturno pasada media noche y con gesto retraído se aviene a la rutina de las presentaciones. Al sentarse, parece más cansado, pero se deja llevar por el vaivén de la conversación mientras se aferra a la primera copa. Al pasar de los minutos ya es uno de los nuestros, como si en un momento se hubiese despojado del incómodo ropaje de recién llegado. Tampoco es que hable mucho y, sin embargo, tiene su pose distraída un toque desenfadado de cordial proximidad. A veces, da la sensación de que viene y se va, de que llega para marcharse pronto; segundos en que se le nubla la mirada y uno se aventura a imaginarlo en otros mundos, espacios de vidas improbables, con maletas a las puertas de habitaciones lejanas en quien sabe que ciudades de mapas figurados. Pero siguen las copas, el local enciende luces y nos obliga la noche a ir de retirada. Entonces en la estrechura del asiento del coche, buscando por las calles algún bar con promesa de eterna madrugada, Felipe se arranca con un chiste, y la noche y él parecen conjugarse al compás de nuestras risas. Ahora luce galas de anfitrión consentido, se aventura con preguntas y nos habla de algún libro mientras deja que las palabras nos lleven hasta escenas de alegre desenfreno siempre en la compañía de nombres muy sonantes.
Y ya no es Felipe el nombre de portada de algún poemario leído y releído, el joven ensimismado que mira el mar en Rota en la fotografía del monográfico de la revista Litoral, es ya Felipe uno de los nuestros. Porque debe ser verdad que la noche une mucho, pero unen más, quizá, estos espacios intermedios de encuentros provocados por la casualidad, los puntos específicos de una geografía de espacio compartido con horas que se restan. Y el saber como el me dice, bajito, al despedirnos: "nos ha fallado el tiempo".
Felipe es como el sur. Envidiablemente inolvidable después de haber estado. Con promesa de reencuentro si al tiempo le conviene y el azar no distrae. Hasta siempre.
jueves, 1 de noviembre de 2007
DA GRACIAS POR LA ESENCIA DE ESE CAOS

UN GESTO DE GRATITUD
El azar es la norma imprevisible.
Acata, pues, la norma.
Y cuida siempre
que juegue a tu favor la incertidumbre
que esa norma dispone, porque el rumbo
de una vida depende
de una conjugación leve y muy rápida
de rutina y misterio, de angustia y plenitud,
de esencias muy dispares que se mezclan
en el laboratorio mágico del tiempo.
Y si el tiempo es la suma
de una nube vacía y de un relámpago,
interpreta esa suma
desde la gratitud, porque has sido esa suma,
y algo eterno hay en ti y es sólo tuyo:
lo que has pensado,
aquello que tocaste con ansia o con terror,
la fórmula secreta de tu anhelo,
la memoria narcótica que sustenta y confirma
tu paso por un mundo fugitivo.
Nunca sabrás quién es quien se refleja
en tu espejo confuso.
Nunca verás su rostro verdadero,
porque todo consiste en un fluir,
y todo cuanto fluye es un enigma.
De cualquier forma,
da gracias por la esencia de ese caos.
Agradece lo extraño que es ya todo.
El tiempo es invencible,
pero no es más que tiempo:
un cambiante espejismo que sugiere
movimientos perpetuos de conciencia,
aunque todo es cambiante salvo tú:
el tiempo es sólo el nombre de un espectro.
El tiempo es lo que el tiempo nos destruye.
Felipe Benítez Reyes
El azar es la norma imprevisible.
Acata, pues, la norma.
Y cuida siempre
que juegue a tu favor la incertidumbre
que esa norma dispone, porque el rumbo
de una vida depende
de una conjugación leve y muy rápida
de rutina y misterio, de angustia y plenitud,
de esencias muy dispares que se mezclan
en el laboratorio mágico del tiempo.
Y si el tiempo es la suma
de una nube vacía y de un relámpago,
interpreta esa suma
desde la gratitud, porque has sido esa suma,
y algo eterno hay en ti y es sólo tuyo:
lo que has pensado,
aquello que tocaste con ansia o con terror,
la fórmula secreta de tu anhelo,
la memoria narcótica que sustenta y confirma
tu paso por un mundo fugitivo.
Nunca sabrás quién es quien se refleja
en tu espejo confuso.
Nunca verás su rostro verdadero,
porque todo consiste en un fluir,
y todo cuanto fluye es un enigma.
De cualquier forma,
da gracias por la esencia de ese caos.
Agradece lo extraño que es ya todo.
El tiempo es invencible,
pero no es más que tiempo:
un cambiante espejismo que sugiere
movimientos perpetuos de conciencia,
aunque todo es cambiante salvo tú:
el tiempo es sólo el nombre de un espectro.
El tiempo es lo que el tiempo nos destruye.
Felipe Benítez Reyes
lunes, 29 de octubre de 2007
LO PEOR ES QUE UN SUEÑO SE CUMPLA
FÁBULA DEL INSOMNIO
Les dijo que aquel hombre
habitaba en sus sueños.
Un roce, una mirada,
tal vez una expresión
de asombro o de descuido
ya eran signos de un mundo inccesible.
Después,
ella no pudo conciliar el sueño.
El tiempo se volvió color de arena,
las horas sin sentido le entregaban
sólo un juego de azar, una luz falsa.
Una vez se encontraron
-lo peor, ya se sabe,
es que un sueño se cumpla-
pero él no comprendió, le pudo el miedo.
Y entonces era él quien no dormía,
quien buscaba la imagen inasible
de un reino hundido y una noche antigua,
un gesto, unas palabras, aquel tiempo
en que creyó ser otro: no esta sombra,
alguien que siempre va de retirada,
un muerto en vida.
"Inventario del desorden", A. Jiménez Millán
Les dijo que aquel hombre
habitaba en sus sueños.
Un roce, una mirada,
tal vez una expresión
de asombro o de descuido
ya eran signos de un mundo inccesible.
Después,
ella no pudo conciliar el sueño.
El tiempo se volvió color de arena,
las horas sin sentido le entregaban
sólo un juego de azar, una luz falsa.
Una vez se encontraron
-lo peor, ya se sabe,
es que un sueño se cumpla-
pero él no comprendió, le pudo el miedo.
Y entonces era él quien no dormía,
quien buscaba la imagen inasible
de un reino hundido y una noche antigua,
un gesto, unas palabras, aquel tiempo
en que creyó ser otro: no esta sombra,
alguien que siempre va de retirada,
un muerto en vida.
"Inventario del desorden", A. Jiménez Millán
POETAS AMIGOS

Durante el pasado fin de semana, los asiduos a la poesía hemos podido disfrutar de la presencia en Lérida de algunas de las voces más representativas de las letras internacionales. "Mahalta" - III Festival Internacional de Poesía, cierra su edición de este año sin contradecir el objetivo que insinuaba el título de esta tercera edición: "Far en la boira". Yo no sé hasta que punto se cumplieron las espectativas que todo acontecimiento de tal envergadura acostumbra a generar, pero lo que si puedo afirmar es que, para alguno de nosotros, las noches del 25 y 26 de octubre del 2007 dejaran una de esas huellas hondas y a la vez entrañables que nacen del tiempo compartido. Antonio Jiménez Millán aparte de ser, desde luego, un excelente poeta, un impecable creador de versos, es también una de esas personas que se acercan a tú mesa como una bocanada de aire fresco y sencillo. Un excelente conversador; de esos hombres que tienen el don de la palabra y que siempre invitan al diálogo al tiempo que rehusan el debate. Un erudito de los que saben escuchar mientras que, desde la humildad, hace alarde de sabiduría y buen estar. Un poeta, en definitiva, cuya cordialidad desborda los límites de nuestra timidez para hacernos partícipes en la sobremesa. Antonio no es uno de esos profesores afianzados en su púlpito, no es de los que imponen su conocimento apuntalando opiniones con palmadas sobre la mesa. Nada tiene que ver Antonio con esos vanidosos instalados en los altares de las verdades absulutas e irrefutables. Es un hombre sencillo, con don de pluma y de gente, generoso y siempre atento, cálido como sólo pueden serlo las personas que poseen un corazón de gigante. Esta mañana me he levantado temprano para leer "Invetario del desorden", el poemario con el que tuvo el detalle de obsequiarme cuando la noche retiraba su velo y era inevitable ya la despedida. Dicen los versos finales del segundo poema de la sección titulada "Calma aparente";
"Buscabas ese instante irrepetible,
una imagen del mundo
que ya no necesite la nostalgia"
Y créeme, cuando digo que lamento contradecirte, Antonio, pero el recuerdo de esas dos noches irrepetibles en una ciudad, esta vez sin niebla, pero con la luz radiante de una complicidad recién estrenada, no va a poder zafarse del roce amable de la nostalgia. Desde el corazón, un abrazo y hasta pronto.
"Buscabas ese instante irrepetible,
una imagen del mundo
que ya no necesite la nostalgia"
Y créeme, cuando digo que lamento contradecirte, Antonio, pero el recuerdo de esas dos noches irrepetibles en una ciudad, esta vez sin niebla, pero con la luz radiante de una complicidad recién estrenada, no va a poder zafarse del roce amable de la nostalgia. Desde el corazón, un abrazo y hasta pronto.
jueves, 11 de octubre de 2007
EL MATÍ ESTRANY
De bon matí, la pluja. I no una d'aquelles tempestes intenses, vibrants i suggerentment connotades amb una bona dosi de material elèctric, sino la pluja tova i punyetera que ens llença el degoteig emprenyador d'esporàdics ruixats. Detesto els dies com aquest. Un no acaba de saber mai si agafar el paraigües o l'impermeable, si tancar-se a casa o atrevir-se a l'aventura dels carrers. El primer cafè del matí s' allarga per aborriment o fàstig, o per la inevitable mandra amb que les gotes rellisquen sobre els vidres fins a formar una multitud de caminets líquids. Però no és només la pluja: avui no tinc el dia. Deixo que em travessi com si no anès amb mi, com si no tinguessim res a dir-nos. I em resulta més que molesta aquesta incipient sensació d'irrealitat, per què avui, sembla que tots parlem llengües diferents. I tot de sobte és com si les peces del trencaclosques del que sóc no encaixessin a l'hora de delimitar una forma estable. M'arrossega la inèrcia dels dies metre algú mou els fils secretíssim que ens sostenen a tots i pressento que en qualsevol moment podria deixar-nos caure fins desintegrar-nos en la topada. Un matí estrany.
martes, 9 de octubre de 2007
ELS QUE CALLEN
"[...] hace falta el secreto para contarlo todo."
L.G.M
Són sense cap mena de dubte una espècie perillosa. Ens aborden radiants, sempre amb un somriure als llavis com a carta de presentació, fan veure que s'interessen per nosaltres mentre ens ofereixen tabac o proposen que sortim a sopar un d'aquest dies. Enganyen desde el posat afable o la impostura d'una mà vorejant l'esquena, però tot de sobte, un dia en mirar-los, ens adonem que hi ha quelcom de tèrbol en la complicitat que ofereixen. Llavors ho saps del cert: els que callen no són els que no diuen o els custodis d'un íntim secret. De fet, acostumen a xerrar sempre més del que toca. Sempre tenen un consell o han viscut una situació similar a la què ens angoixa i ens parlen amb la solemnitat dels qui creuen que tenen la recepta màgica per fer front als dies. Per ser franca, el que més em molesta d'aquest especímens, no és el que creuen guardar-se, sinó el fet que siguin pèssims custodis. El que em rebenta és la impassibilitat amb la que et miren mentre pensen que t'enganyen, la prepotència amb la que es vanaglorien d'estar enfront d'un ingenu absolut. Afortunadament, no sempre ens aixequen la camisa. En realitat, moltes vegades no saben que sabem. No imaginen el fàstic que ens provoquen els interminables contes xinos amb els que eviten les preguntes directes. Les paraules dels que callen són la cortina de fum que amaga un silenci volgut i malintencionat. Un silenci gelatinós que ens embruta les mans i ens deixa sempre el desconsol d'una veritat a mitges. Ho he dit abans; els que callen no són els que no diuen, no són els que desde la timidesa o la prudència s'estimen més escoltar; no són custodis d'un secret íntim i personalíssim, perquè els secrets són de cadascú i cadascú és lliure de preservar-los, però sobretot perquè els secrets que més ens colpeixen acostumen a estar en boca de tots. El que callen només deixen de dir allò que saben que volem o necessitem sentir i utilitzen el silenci com a mecanisme de xantantge emocional. Però amb els sentiments no s'hi juga.
Serà que són tan absurds que no saben que el temps ens posa a tots a lloc.
L.G.M
Són sense cap mena de dubte una espècie perillosa. Ens aborden radiants, sempre amb un somriure als llavis com a carta de presentació, fan veure que s'interessen per nosaltres mentre ens ofereixen tabac o proposen que sortim a sopar un d'aquest dies. Enganyen desde el posat afable o la impostura d'una mà vorejant l'esquena, però tot de sobte, un dia en mirar-los, ens adonem que hi ha quelcom de tèrbol en la complicitat que ofereixen. Llavors ho saps del cert: els que callen no són els que no diuen o els custodis d'un íntim secret. De fet, acostumen a xerrar sempre més del que toca. Sempre tenen un consell o han viscut una situació similar a la què ens angoixa i ens parlen amb la solemnitat dels qui creuen que tenen la recepta màgica per fer front als dies. Per ser franca, el que més em molesta d'aquest especímens, no és el que creuen guardar-se, sinó el fet que siguin pèssims custodis. El que em rebenta és la impassibilitat amb la que et miren mentre pensen que t'enganyen, la prepotència amb la que es vanaglorien d'estar enfront d'un ingenu absolut. Afortunadament, no sempre ens aixequen la camisa. En realitat, moltes vegades no saben que sabem. No imaginen el fàstic que ens provoquen els interminables contes xinos amb els que eviten les preguntes directes. Les paraules dels que callen són la cortina de fum que amaga un silenci volgut i malintencionat. Un silenci gelatinós que ens embruta les mans i ens deixa sempre el desconsol d'una veritat a mitges. Ho he dit abans; els que callen no són els que no diuen, no són els que desde la timidesa o la prudència s'estimen més escoltar; no són custodis d'un secret íntim i personalíssim, perquè els secrets són de cadascú i cadascú és lliure de preservar-los, però sobretot perquè els secrets que més ens colpeixen acostumen a estar en boca de tots. El que callen només deixen de dir allò que saben que volem o necessitem sentir i utilitzen el silenci com a mecanisme de xantantge emocional. Però amb els sentiments no s'hi juga.
Serà que són tan absurds que no saben que el temps ens posa a tots a lloc.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)